Aplicar las normas básicas del tratamiento general de las quemaduras ya descritas anteriormente:
  • Enfriar la zona quemada con agua abundante.
  • En las quemaduras que afecten los dedos de las manos y los pies, hay que colocar gasas húmedas entre los dedos para separarlos y evitar que se adhieran las zonas quemadas. Mantener las manos o pies levantados, a fin de disminuir la formación de edemas.
  • Cubrir con gasas húmedas y trasladar a un centro hospitalario, o bien activar la cadena del socorro, si la quemadura es muy importante.
Lesiones por inhalación de humo
Una situación particularmente grave puede aparecer en las víctimas de un incendio. Se trata de la afectación de la vía aérea superior o de la afectación pulmonar por inhalación gases, humos muy calientes o tóxicos dando lugar a una insuficiencia respiratoria (síndrome de distrés respiratorio) que puede llegar a ser muy severa, e incluso de aparición retardada. El antecedente de un incendio en un lugar cerrado o cuando se haya producido humos abundantes debe ponernos en alerta sobre todo, si hay quemaduras en la cara. El calor intenso de un incendio y la acción irritante de algunos componentes del humo pueden provocar una inflamación de los tejidos de la laringe por acumulación de líquido en esta zona, inflamación denominada edema de laringe o edema de glotis. Esta lesión puede aparecer inmediatamente o de una manera lenta y solapada que puede manifestarse en las 24 – 36 horas siguientes. 
Hay todo un conjunto de signos indirectos que sugieren que ha podido haber inhalación de humos: quemaduras faciales, con cejas y pelos nasales chamuscados; depósitos chamuscados en las fosas nasales, boca o laringe; quemaduras en los labios, lengua o boca; esputos con manchas oscuras. Además, en el cuadro ya instaurado aparecen los signos respiratorios propios: disnea, cianosis periférica, tos restricción o ampliación de los movimientos respiratorios, ruido del aire al pasar por la laringe (estridor), sensación de opresión torácica, voz ronca, etcétera. Un estado semejante puede ser provocado por la inhalación de gases tóxicos producidos durante un incendio. Dos de ellos son particularmente peligrosos: el monóxido de carbono y los cianatos. El monóxido de carbono es un gas inodoro y que no provoca lesiones en la vía aérea, por lo que puede ser difícil sospechar su inhalación. Los cianatos resultan de la combustión de algunos plásticos y un olor que recuerda al de las almendras quemadas.

Actuación:
  • Mantener permeable la vía aérea.
  • Controlar los signos vitales después de haber eliminado los restos chamuscados de la boca y la nariz.
  • Activar la cadena del socorro con el fin de conseguir el traslado de la víctima a un centro sanitario.
  • Iniciar, si es preciso, las maniobras de soporte vital básico.

Evaluación del estado general 
del accidentado y determinación de la gravedad de las quemaduras:
  • Hacer una valoración general del accidentado, (exploración primaria y secundaria) comprobando la permeabilidad de la vía aérea, estado circulatorio, respiratorio y neurológico, poniendo especial atención en las alteraciones por inhalación.
  • El siguiente paso será evaluar de una manera rápida y grosera la gravedad de las quemaduras (profundidad, extensión, localización…)
Evitar la contaminación bacteriana y la infección:
  • Todas las quemaduras suponen una pérdida más o menos grande de la integridad de la piel y, por tanto, comportan un riesgo de infección. Este riesgo se incrementa por la manipulación de estas heridas sin la toma de las medidas de asepsia adecuadas. Es decir hay que evitar el contacto directo de las quemaduras con las manos u otras superficies contaminadas y, sobre todo, evitar las manipulaciones innecesarias y las maniobras intempestivas.
  • Preguntar a la víctima sobre su estado inmunización antitetánica; en caso de duda, buscar consejo médico al respecto.
Tratamiento de otras lesiones
que se hayan podido producir y trasladar al lesionado a un centro médico: 
  • Las posiciones ideales de transporte son el decúbito supino y la PLS, según la región corporal quemada, evitando la posición en decúbito prono (boca abajo).
  • Durante el transporte se impone reevaluar a la víctima de manera continuada. Como norma general, no se administrarán líquidos ni analgésicos por vía oral.
  • Hay que procurar mantener la temperatura corporal dentro de los límites normales, en algunos casos pueden utilizar sábanas o mantas térmicas para envolver al accidentado.
Recogida de información del lugar del accidente
Existen datos referentes al mecanismo ocasional de la lesión que sólo se pueden obtener en el lugar donde se ha producido el accidente: duración del incendio, espacios cerrados, explosiones, hundimientos u otros hechos traumáticos, actuación de los primeros que han prestado auxilio, enfermedades previas de los lesionados…

Tratamiento local de las quemaduras leves
Aplicar las normas básicas del tratamiento general de las quemaduras, descritas anteriormente:
  • Enfriar la zona quemada, sin presionar ni friccionar.
  • Evitar la aplicación de ungüentos y pomadas que recubran totalmente las áreas afectadas si éstas han de ser exploradas posteriormente por otro
  • personal sanitario, pues muchas son de composición grasa y limpiarlas puede ser difícil y muy doloroso.
  • En las quemaduras de primer grado por exposición al sol u otra forma de calor radiante, conviene primero hidratar abundantemente, al enfermo con ingesta de líquidos y iones (agua, bicarbonato, zumos de fruta, infusiones, etcétera); se puede aliviar el dolor local aplicando sobre las lesiones una capa fina de vaselina, gasas vaselinizadas, crema hidratante…
  • Cuando se hayan formado flictenas, es preferible no romperlas ni, evacuarlas por punción. Hay que intentar mantener la capa epidérmica, aun cuando esté lesionada, a fin de evitar más pérdida de líquidos corporales y disminuir el riesgo de infección. Se debe aplicar un antiséptico y cubrir la ampolla con gasas estériles, secas o vaselinadas, para disminuir la fricción y evitar su desprendimiento. También hay que colocar vendajes que las compriman.
  • Si las flictenas se han reventado, hay que tratarlas como el resto de heridas: antisépticos, recortar con tijeras estériles los restos de epidermis, nueva impregnación de antisépticos y recubrimientos con apósitos estériles.

Siempre debe considerarse la posibilidad de que existan efectos generales en el paciente que ha sufrido un traumatismo térmico, sobre todo en las situaciones de explosión, incendios en locales cerrados niños… Los efectos generales y sus posibles consecuencias son siempre prioritarios frente a las lesiones cutáneas.
Actuación ante quemaduras: El socorrista ha de llevar a cabo el tratamiento general de las quemaduras y el tratamiento básico de las quemaduras leves.
Tratamiento general de las quemaduras: El tratamiento general de las quemaduras consiste en los puntos siguientes:
Autoprotección: Hay que recordar las medidas de carácter general que deben tomarse y, específicamente, las que afectan a los agentes causales (incendio, gases, humos, productos químicos, etcétera) ya que de no hacerlo, con mucha seguridad también resultaría afectada la persona que presta los primeros auxilios.
Separar el agente causal del accidentado y determinar su proceso lesivo:

  • Hay que apagar las llamas por el mecanismo de sofocación, es decir, ahogar el fuego, habitualmente envolviendo la zona quemada con una manta o un abrigo que no sea de materiales sintéticos. Si no disponemos de una manta, podemos sofocar el fuego haciendo rodar por el suelo al accidentado en llamas.
  • Hay que enfriar la zona quemada, tan rápido como sea posible, con agua fría del grifo (sin que el chorro caiga directamente encima de la zona quemada) durante 15-20 minutos o hasta que el dolor ceda o desaparezca, procurando que el agua fluya y arrastre los restos de líquidos o tejidos que mantienen su poder calorífico. Esto no se consigue con la misma intensidad si se pone el área lesionada en remojo, cosa que en cambio aumenta el riesgo de infección; desgraciadamente, no siempre podremos disponer de agua corriente. En estos casos, es aconsejable sumergir la zona quemada en un recipiente con agua, que se cambiará periódicamente, o bien, si son zonas muy extensas, aplicar trapos o tejidos empapados en agua.
  • Seguidamente, será necesario retirar las ropas del lesionado a excepción de aquéllas que estén adheridas a la piel, así como todos los objetos que puedan comprimir las extremidades (anillos, brazaletes, pulseras, relojes…). En las superficies quemadas muy extensas y con la ropa muy adherida, es preferible no tocarla.
  • Después de haber enfriado la zona, cubrirla con compresas húmedas que, a ser posible, la cubran en su totalidad (mejor si son estériles).
  • Prevenir la aparición de la Hipotermia, protegiendo a la víctima del viento y cubriéndola con una manta o similar, para evitar que pierda calor corporal

La profundidad de las quemaduras está directamente relacionada con la temperatura del agente agresor y la duración del contacto de éste con la piel. Las quemaduras se clasifican en tres grados, según la profundidad de la piel afectada.

Quemaduras epidérmicas de primer grado
Afectan sólo la epidermis, sin afectar la dermis. Se manifiestan como una lesión de color enrojecido denominado eritema. No afectan a la capacidad de regeneración de la epidermis y habitualmente se curan en una semana si no son muy extensas. Son dolorosas y con sensación de prurito. Ejemplo: las quemaduras por exposición a los rayos ultravioletas del sol y llamaradas muy breves.

Quemaduras de segundo grado
Pueden ser superficiales o profundas:
  • Superficiales: 

Afectan a toda la epidermis y la parte superior de la dermis. Se producen una separación de la epidermis, llenándose este espacio de líquido plasmático, de color amarillento, y que forma las ampollas o flictenas. Si no son muy extensas y no surgen complicaciones, se curan espontáneamente en menos de tres semanas. Si las flictenas son gruesas y se rompen la capa epidérmica, la dermis queda expuesta a las infecciones y se pierda mayor cantidad de líquido son más dolorosas que las de primer grado. Por ejemplo: las escaldaduras.

  • Profundas

Afectan a todo el grosor de la piel, epidermis y dermis. La piel lesionada se pone de un color blanco-amorronado, hundida y con aspecto de costra cérea. Si no son muy pequeñas, no tienen prácticamente capacidad de curación, y requieren a menudo tratamiento quirúrgico precoz. Son muy poco dolorosas, ya que las terminaciones nerviosas están destruidas aunque, a veces, el dolor pueden producirlo quemaduras menos profundas situadas en su entorno. Ejemplo: las quemaduras por llama directa o las explosiones.


Quemaduras de tercer grado subdérmicas
Afectan la totalidad del espesor de la piel en incluso a las estructuras subyacentes, con una intensidad variable (tejido subcutáneo, músculos, huesos…). Son lesiones hundidas y de superficie seca, formando costras de color marrón oscuro, por lo que se denominan escaras oscuras o carbonizaciones. Por sí mismas no tienen capacidad de regeneración y requieren también cirugía precoz. Si las lesiones son aisladas, habitualmente no provocan dolor. Ejemplo: las quemaduras eléctricas. Las quemaduras de primer grado y de segundo grado superficial se conocen también como quemaduras de grosor parcial, pues no afecta a la totalidad del grosor de la piel. Las de tercer grado y segundo grado profundo se denominan de grosor total porque afectan totalmente las dos capas de la piel (epidermis y dermis).

Una quemadura es toda lesión producida por una excesiva exposición al calor. Puede ocurrir por diferentes mecanismos, tales como la exposición prolongada al sol, llamas, explosiones, fricciones, por la acción de agentes físicos (líquidos y sólidos calientes, radiaciones, gases y vapores…) y químicos (ácidos, álcalis cáusticos) y también por el efectos térmico de la electricidad. La característica que diferencia la quemadura de otras lesiones de la piel es la rápida destrucción del tejido cutáneo y la pérdida importante de líquidos que se puede producir.


La asistencia inicial
puede condicionar el pronóstico y la situación final del accidentado que ha sufrido una quemadura. Por este motivo reviste tanta importancia la correcta asistencia desde el mismo instante en que se produce el accidente, siendo en esta circunstancia cuando el socorrista puede intervenir para cambiar su curso evolutivo; es decir, el socorrista puede actuar directamente sobre la causa del accidente, además obviamente, de actuar sobre la lesión que se ha producido. El objetivo prioritario en esta situación es disminuir el tiempo de contacto entre el paciente y el agente casual, conseguir alejar al paciente del agente término simbólico de “apagar el fuego”.

Cualquier método de enfriamiento
de la zona quemada puede ser muy útil. Aplicar frío tan pronto como sea posible, puede ser favorable para detener la acción del calor sobre los tejidos; en general, un chorro de agua que se pueda tener a mano es más eficaz que cualquier crema o antídoto, no siendo cierta la creencia que responsabiliza al agua de la posterior aparición de ampollas.

Extensión de las quemaduras
Uno de los factores principales de la gravedad, tanto por la superficie que se expone a las infecciones como por la pérdida de líquidos que se pueda producir, es el porcentaje de la superficie corporal total (STC) que se ha quemado, es decir, el porcentaje de la superficie corporal quemada (SCQ).

Métodos
El método habitual que se utiliza para es cálculo, no por más exacto, sino por más rápido, es le llamado “Regla de los nueves” de Wallace, que consiste en dividir las diferentes zonas del cuerpo en regiones corporales que equivalen al nueve por ciento de la SCT, (o múltiplos de nueve por ciento), de la siguiente manera:
Región corporal                  % SCT Adultos              % SCT Niños
Cabeza y cuello                              9%                               18%
Cada extremidad superior            9%                                 9%
Tórax                                                9%                                 9%
Abdomen                                         9%                                 9%
Espalada superior                          9%                                 9%
Espalda inferior                               9%                                 9%
Cada extremidad inferior             18%                           13,5%
Genitales                                          1%                                 1%

Las características físicas anatómicas de los niños
principalmente de los más pequeños, son distintas a las de los adultos, modificándose estos porcentajes en función de un mayor volumen de la cabeza y un menor volumen de las extremidades inferiores.

Un sistema alternativo
De medida que puede ayudarnos a calcular el porcentaje de la superficie corporal quemada, más útil para pequeñas quemaduras, es método de la “palma de la mano”. La
Palma de la mano del paciente representa aproximadamente el uno por ciento de su superficie corporal total, así pues, se irán comprobando las superficies quemadas con la palma de la mano del accidentado, para calcular la SCQ.